Se tenía que decir

Querido macho

Tú el que estás en tu casa, tranquilo, probablemente con un trabajo estable y con una familia, tú, el que parece que no rompe ni un plato, ¿Cómo estás? Pero enserio… ¿CÓMO ESTÁS? Te pregunto no porque me importe, si no porque me gustaría entender cómo te sientes siendo un machito más de la ciudad… Me gustaría entenderlo porque he vivido con uno toda mi vida, porque me enamoré de otro, porque me he relacionado social y laboralmente con otros más y la lista no para, se siguen sumando machos a la cuenta por todos lados.

Mira, no vengo a crear discusión, porque en realidad sería más inteligente de mi parte discutir con la pared que con un macho de mente cerrada, más bien vengo a avisarte lo que va a pasar si sigues creyéndote el rey y patrón de todas las que te rodean, solo porque tienes aparato reproductor masculino.

Si eres macho de la vieja escuela, 8 de cada 10 palabras que digas son groserías, lo cual es uno de los tantos reflejos de tu falta de buena educación; no tienes buenos modales con las mujeres, pero con los hombres (a los que sientes iguales en el trono) eres servicial y atento; eres empático solo cuando te conviene y, por supuesto, haces notar tu poder sobre las demás (el que crees que tienes) en cada oportunidad del día. Tu fuerte es la agresión física y verbal. No aceptas un “no” por respuesta, te aprovechas de la inocencia y, más aún, de la carencia de las mujeres a tu alrededor. Te emborrachas con otros machos, para alimentar mutuamente el ego, hablas pestes de las mujeres, eres violento y sumamente insultativo. Tienes evidentes problemas psicológicos que te rehúsas a tratar y sigues en el patrón de conducta tóxico en el cual se te nubla la razón y te dejas llevar por la ira. Piensas que una mujer “aguantadora”, es decir, una que tolera golpes y humillaciones y se mantiene sumisa, es mejor que una “cabrona” que se hace valer por sí misma y manda al demonio al macho opresor. Sí, así de débil eres por dentro viejo macho.

Ahora, si eres machito millennial, casi puedo asegurar que eres hijo de mami, que te navegas con la bandera de que tu vida ha sido muy dura, pero en realidad, siempre has vivido bajo la falda de tu mamá. Lo más seguro es que hayas sido víctima directa o indirectamente de machos de la vieja escuela, es por eso que no has cortado el cordón umbilical, porque te aterra sentirte desprotegido, pero claro, aparentas lo opuesto, aparentas una independencia y autosuficiencia para portar esa imagen de “hombre chingón”, cuando en realidad eres un chavorruco con problemas de autoestima y traumas psicológicos que también te rehúsas a tratar. Un macho en la era moderna también es violento, también insulta a más no poder y, por supuesto, también deja heridas emocionales difíciles de curar. Exacto, también estamos hablando de un ser débil emocionalmente que usa apariencias y/o cosas materiales para llenar un vacío interno y sentir que tiene poder sobre los demás, especialmente (insisto) sobre las mujeres que te rodean.

En ambos casos, el control y poder que deseas imponer sobre los demás, especialmente sobre las mujeres, es el motor de tu machismo. Ahora imagínate que eres un macho con dinero… ufff, lo peor! De por sí eres un ser engreído y egoísta, un bruto que piensa que puede hacer y deshacer con quien quiera, cuantas veces quiera; ahora con poder adquisitivo eres cien veces peor. Porque, ¿Qué alimenta más el ego que el dinero? Exacto, es la peor combinación.

Pero bueno, independientemente de los recursos económicos y materiales que tengas o puedas llegar a tener, hoy me quiero enfocar en el daño emocional que nos haces. El daño tan fuerte que causas cuando te casas con una mujer y la embarazas bajo promesas y endulzamientos de oído falsos, solo porque ya vas a llegar a tus 30’s y no soportas la idea de estar soltero y aún no ser papá, ¡imagínate! ¿Qué van a pensar tus amigos machitos? ¿Qué te va a decir tu papá y/o tu mamá machista porque aún no le das nietos? ¡Qué vergüenza! Así que anda, ve y conquista a una mujer, de preferencia menor para que te sea más fácil aprovecharte de su inocencia y si está vulnerable, ¡aún mejor!, para que caiga sin demasiadas trabas. Una vez empezada la formación de la nueva familia, potencializas tu actitud y hábitos machistas, como perderte días en fiestas, emborracharte a diario, ser infiel, crear un problema en donde no lo hay solo para recordar en la casa quién es el que manda y seguido a esto, golpear a tu esposa y no dudes que después a tus hijos, especialmente si son mujeres. Volviendo a los problemas psicológicos que tienes, puede llegar un momento en el que veas el reflejo tan fuerte de tu esposa o madre en otra mujer, principalmente en tu hija y te desquites con ella, ¿Cómo? con violencia, claro.

Los insultos los darás como el pan de cada día, echarás en cara que eres el proveedor de la casa de una manera tan baja que harás sentir culpables a tus hijos de haber nacido, por todos los gastos que has hecho en ellos. Imagínate, miserables, que les tuviste que pagar la escuela, el hospital, comida, materiales, etc. Aquí no vale que sea tu responsabilidad y obligación, aquí solo vale que el dinero es tu poder y lo vas a restregar en la cara de los demás a cada instante. Ahora imagínate que las mujeres a tu alrededor se cansan de aguantar tus chingaderas y deciden independizarse, ¿Qué vas a hacer entonces? Yo te digo, vas a encontrar la manera de sabotear su crecimiento personal y profesional, porque si dejan de depender de ti económicamente, ¿Qué poder vas a tener sobre ellas? Debes tener cuidado y bien controlado ese aspecto, debes poner la mejor cara cuando estés de buenas para vender el cuento de que las quieres cerca, pero sin descartar tus explosiones de ira, esas que se dan cuanto sientes que las cosas se te salen de las manos, cuando sientes que no tienes el control; esas explosiones no las descartas porque puedes y porque quieres, porque eres un macho que actúa bajo su instinto salvaje. Cuando sientes que alguien se está yendo de tu sustento, grítale, insúltala, hazla sentir poca cosa, como una inútil par salir adelante por sí misma y si se le ocurre responderte, pégale. Sométela en el piso, para que no se defienda, y mientras lo haces síguele gritando lo miserable que es sin ti y todos esos insultos que van perfecto con la ocasión. Listo, una batalla más mi querido macho. Respira, tranquilo, que al rato se le pasa el susto y el coraje y tú podrás seguir disfrutando de tu poder con el pretexto de que “así eres y no hay remedio”.

¿Qué sientes al imponer tu fuerza sobre una mujer? ¿Euforia, adrenalina, placer por poder? Es como si tu batería se recargara, ¿no? Como si tu cetro de poder tomara fuerza y brillo… no lo sé, pienso que así te sientes porque es lo que he visto en tus ojos de furia y en tu expresión al agredirme.

Creo que el intentar crear reflexión con el cuento de que pienses en tu mamá, en tus hijas, en tus hermanas, etc. Ya está bastante trillado. Tan trillado que ya no cala, ya no causa lo que debería. Y peor aún, ya no te detiene de imponer tu fuerza en contra de tu madre, tus hijas, tus hermanas, etc. Ya no tienes ese límite, ya ampliaste tu margen de agresión.

¿Y sabes que es aún peor? Cuando te haces el que nada pasó. Sí, así, haces tu desmadre, dejas que se enfríen las cosas y listo, aquí nada pasó. Cuando tienes una careta maravillosa ante los demás, que te protege de que vean la verdadera basura que eres. ¿Has escuchado el dicho de “candil de la calle, oscuridad de su casa”? Bueno, pues cuando te aplica me da el triple de coraje e impotencia, porque la gente, la familia, incluso las mujeres cercanas te ven como un héroe, como un súper papá o un súper esposo y nadie se compra el cuento de que eres malo. O peor aún, lo saben, saben que tienes problemas en la cabeza de ira y de agresión, pero prefieren quedarse callados y tratarte bien, como si nada. En cambio, a nosotras nos hacen sentir culpables de tus actos, nos hacen sentir estúpidas por aguantar y al mismo nos hacen sentir malagradecidas por “no valorar” todo lo que nos das. Precioso el apoyo, la empatía y la equidad, ¿no crees?

En fin, no creo haberte dicho algo que no sepas, lo sé, pero quería recordártelo, para que tengas presente el daño que haces, para que tomes la decisión de cambiar o de mejor alejarte, porque eres tóxico, porque haces mal. Hoy no me interesa aclarar que no soy la víctima, solo para quedar bien, como la fuerte, porque no. Hoy es todo lo contrario, hoy soy la víctima y exijo dejar de serlo, te exijo que te alejes, porque no te quiero cerca repitiendo el mismo ciclo vicioso y destructivo de siempre. Y antes de que me jures que vas a cambiar, hazlo, porque estoy cansada de ser la “aguantadora” y porque no me permito darle ese ejemplo a mi hija, ni a las demás. No me interesa si eres mi papá, mi esposo, mi ex, el papá de mi hija, mi hermano, mi abuelo, etc. No te quiero aquí haciendo daño, no te quiero aquí jugándole al machito y afectando mi paz y mi integridad.

Tengo una hija de casi 4 años y juro por mi vida que no voy a permitir que ningún macho le haga daño, no me importa si eres mi sangre. De hecho, con más razón, si eres familiar te voy a alejar de ella y de mí. Y no hablo solo de agresiones físicas, si no de cualquier tipo de agresión psicológica que puedas hacer, porque estoy harta de pagar terapias para tratar de enmendar lo que tu ira viene a dañar.

A las mujeres que amo, las voy a proteger de ti, macho indeseable.

Sin más por el momento, no espero que estés bien, espero que estés tan mal que te obligues a cambiar.

Atentamente:

Todas las que hemos sido víctimas del machismo.

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